Asesinar niños (o ancianos o toda otra persona que no tenga capacidad alguna de autodefensa) ya tiene en nuestra legislación una pena severa (podría calificarse por alevosía). La Constitución Nacional vigente no permite restablecer la pena de muerte, con lo cual está concluído todo debate al respecto. Soy contrario a la pena de muerte, por todos los argumentos que ya conocemos en los que se funda la posición "abolicionista". Nunca comprendí la causa del estusiasmo morboso de ciertos sectores de opinión por procurar la muerte como castigo, me parece algo horroroso. Si lo que se busca es la vindicta pública (esto es, la venganza) estoy seguro que pasarse unos cuantos años en el infierno carcelario es una pena mayor que ser despachado al otro mundo. Tampoco comprendo la indignación colectiva cuando un niño es víctima de un delito, en una sociedad que al ver muchos niños abandonados, hambreados, sucios, enfermos y expuestos a las peores porquerías de la calle, no se le mueve un pelo y -encima- se indigna si se desarrolla una política de asignaciones o subsidios en favor de la niñez.