Amigos: me han verdaderamente conmovido.
Cada vez se van sumando más colegas y esto resulta casi como una fiesta.
Toda esta vuelta permite dar muchas más. No saben cuántas y de qué significación. Y todo por el lenguaje.
Por lo errático, por lo inascible.
Por lo que queremos ver escrito o por lo que queremos evitar leer.
También oír o evitar escuchar. Por los fenómenos externos que intervienen para generar equívocos en escuchar cosas que no fueron dichas...En fin. Multiplicidad de factores.
Es tarde pero me he dado un panzazo de placer recibiendo los mails de ustedes, del mismo modo que espero hayan disfrutado de los míos.
Trabajo con familias y parejas y entenderán entonces, los vericuetos impensables por los que atraviesa una palabra en la historia personal de cada uno. Y me incluyo, porque formo parte de la novela.
Por lo demás, no tengo más que palabras de agradecimiento por esta movida que han hecho y que están haciendo.
Lo más importante para mí era constituír con una linea bien precisa y definida los contornos de una revocatoria. Porque necesitaba una precisión y no supuestos. Queda claro entonces que un poder otorgado por escribano no puede ser revocado por un mail sino por carta documento. Es la única manera de dar cuenta al apoderado que ha cesado en su función. Porque debe firmar un duplicado dando cuenta del recibo del aviso. Y que un mail no es documento suficiente.
Tal vez no sea la única Pero lo concreto es que el mail no sirve.
Ya ven, voy aprendiendo el duro oficio de las leyes. Pero debo reconocerles que me es más fácil conectarme con ustedes desde las letras que desde lo corporal: es como una suerte de alergia: me sucede lo mismo que con los odontólogos: los amo pero los odio.
¿Acaso no les pasa a ustedes lo mismo?
No puedo dejar de ser sincero. Si me mirara con crudeza tal vez pudiera explicar que me resultaría muy dificil entregar la defensa de mi causa ( hablo de un caso hipotético, no hay nada de lo real en esta expresión) en manos de un profesional que debería defenderme de un asunto equis. Fijense que esto debe de suceder -y ¿no es algo normal?- cuando hay que ponerse en manos de un cirujano a quien hemos visto -tal vez- una sola vez y sólo para asegurarnos que era de carne y hueso.
Y ahí ponemos nuestra vida, ¿ Acaso algo muy distinto en otros menesteres? Porque si bien me dirán que no es lo mismo un juicio que una operación, la subjetividad es algo muy personal de cada individuo y habrá quienes no les genera ansiedad alguna ir al quirófano y son capaces de hacerlo como si fueran al kiosco a comprar una golosina pero quizás expresen una angustia singular cuando tienen que tocar el timbre para que un abogado los defienda.
Bueno, no quiero aburrir con tanta cháchara.
Pero me encantó disfrutar con ustedes este encuentro y prometo seguir vinculándome con este foro, que ya me genera mucho afecto y respeto.
Seguiremos entonces calentando el hornito.
Los saluda a todos, con un agradecimiento de parte,
Daniel
