Me jubilé! Mi primer sueldo lo cobré a los 22 años, recién recibido de abogado, pero no fue como abogado que tuve mi primer ingreso profesional, sino como periodista.
Desde entonces, trabajé toda mi vida, en todo tipo de "conchabos", e infelizmente muchos de mis aportes fueron a la denominada Caja de Autónomos, porque al momento de iniciar mis trámites, me dijeron: "uy, cuantos aportes tiene en Autónomos.", por lo que con voz afligida pregunté si esto era muy malo. "¡Es la peor! Un desorden total.".
Dicho y hecho, parece que muchos de mis aportes de una vida, habían desaparecido en la telaraña de un sistema que castigó y sigue castigando al aportante ingenuo como yo.
La Anses. Cumplida la edad necesaria, vaya a saber porqué, dejé transcurrir casi ocho meses antes de iniciar los trámites respectivos. Mi problema. Lo real es que la Anses funcionó como una pinturita, y en pocos meses me jubiló.
No le digo el monto, no viene al caso. No hace falta que le diga que lo del 82% móvil es una chacota total. Cuando pienso en la plata que deposité durante todos estos años. Porque, como le dije, profesional independiente, empresario exitoso, director en varias compañías, hube de poner mucha plata en el chanchito jubilatorio.
Llega la carta de la Anses, bastante desprolija en su aspecto por cierto, y todo lo que me quedaba hacer era ir a cobrar al banco. y fui.
Parece que muchos de mis aportes de una vida, habían desaparecido en la telaraña de un sistema que castigó y sigue castigando al aportante ingenuo como yo
El banco. Me tocó, esos son temas en los que uno no elige, uno que me queda a 15 cuadras de mi casa. ¿Qué si tengo cuenta en otro banco? No importa. ¿Qué si hay cuatro bancos entre a una y dos cuadras de mi casa? Tampoco es relevante. Le toca, y le toca.
Fui al banco. Un custodia amabilísimo al que consulté por dónde empezar, me dijo "se para ahí y los muchachos le hacen el trámite". Por suerte que estaba el custodio, porque de aquel puesto de informes que solía haber en las sucursales, no queda ni rastro.
Me paré y miré el reloj. Eran las 11 de la mañana. Le voy a hacer una confesión: soy un mal tipo, de esos que le gusta tender trampas, así que me vestí casi como el personaje inolvidable de Guido Gorgatti cuando hacía de jubilado en el sketch de los jubilados en la plaza con Tincho Zabala, Vicente Rubino y el Pato Carret.
Los minutos empezaron a correr, hasta que uno de los "muchachos", me hizo sentar frente a su escritorio. "¿Le dijeron lo que había que traer?" Tuve una ligera desazón y dije: "sí: la carta de la Anses y mi DNI.". "Ah, no, le falta traer dos recibos de servicios públicos a su nombre así le podemos abrir la caja de ahorro.".
Como una liebre, llamé al contador que maneja mis papeles, me subí a la moto, y le aseguro que entre ida y vuelta, estaba con los dos recibos a los 15 minutos frente al oficial que me atendía. Juro que le di los recibos con aire zumbón, como diciendo "¡te gané!". El hombre no ocultó su asombro y puso sobre la mesa un fajo de papeles. Para no faltar a la verdad, le diré que las firmas que puse merodearon entre 10 y 15 ¡para una caja de ahorro! Con gran voluntad me ayudó llenar formulario tras formulario.
La caja y el cajero. Hecho esto, el empleado me acompañó hasta un lugar frente a las cajas, con asientos, donde decía "Privilège". No obstante haber transcurrido ya casi 50 minutos de mi llegada al banco, me sentí tratado a cuerpo de rey. Imagínese.
Los minutos pasaron, y pasaron, y pasaron, y pasaron. Tic-tac, tic-tac. Exactamente a las 3 horas de haber firmado el primer papel, el buen cajero me liquidó el primer haber jubilatorio de mi vida
Había filas de todos los colores, ubicaciones sentadas de todo tipo, nunca un número para ser llamado, nada. ¿Cómo es el sistema? El custodia amable, se paraba de manera tal de mirar tanto a la gente que esperaba de pie -la perrada- o los sentados, nosotros, los de zona "Privilège", ejerciendo su poder de decisión diciendo: "usted, o usted" y así íbamos pasando.
A los 20 minutos, más o menos, me dijo el deseado "usted", acostumbrado a tratar a los jubilados con ternura. Fui detrás de la mampara y me esperaba el cajero de jubilados (sí, hay uno especial). Y comenzó una escena de Woody Allen: "¿Sí?" me dijo el cajero. "Vengo a cobrar la jubilación por primera vez". "Ah, tiene que hacerse atender por uno de los muchachos.". "Ya me atendieron", le contesté. Ahí, hablando siempre a través de un horrible micrófono-ventanilla, me despachó: "Entonces debe esperar a que me traigan la carpeta. ". "¿Será para mucho?" Sus labios no me dejaron lugar a dudas: "Paciencia"
Volví a sentarme en el lugar "Privilège", sintiéndome algo machucado. Los minutos empezaron a correr y me quedé dormido (sic). El guardia amable se acerca y me toca: "¿Cómo se llama usted?". Se lo dije y me tranquilizó: "yo le aviso cuando lo llamen".
"Paciencia". Una hora después averiguo si faltaba mucho. Me dicen: "falta que autorice el Contador". "¿Podría hablar con él?". "Está en la casa matriz", me desalentaron.
En un momento suena mi celular y veo que era un familiar que sabía que me encontraba haciendo el trámite porque estaba en casa cuando había salido en dirección al banco. No atendí pero me puse a escribirle un mensaje. El guardia amable me advirtió que no podía hacerlo. Le dije: "hace 2 horas 40 que salí de mi casa y quiero tranquilizarlos que no me ha pasado nada". Y violando todas las normas de seguridad, concluí y envié mi mensaje testimoniando que estaba bien y solo había que tener paciencia.
Los minutos pasaron, y pasaron, y pasaron, y pasaron. Tic-tac, tic-tac. Exactamente a las 3 horas de haber firmado el primer papel, el buen cajero me liquidó el primer haber jubilatorio de mi vida.
¿Y de ahora en más? No sé. Sé que cada dos pagos que puedo retirar del cajero automático, uno debo hacerlo personalmente para que firmar un "testimonio de vida" en el propio banco. ¿Me llevará 3 horas hacerlo? ¡Qué lindo que es jubilarse!
DIARIO LA NACION
Desde entonces, trabajé toda mi vida, en todo tipo de "conchabos", e infelizmente muchos de mis aportes fueron a la denominada Caja de Autónomos, porque al momento de iniciar mis trámites, me dijeron: "uy, cuantos aportes tiene en Autónomos.", por lo que con voz afligida pregunté si esto era muy malo. "¡Es la peor! Un desorden total.".
Dicho y hecho, parece que muchos de mis aportes de una vida, habían desaparecido en la telaraña de un sistema que castigó y sigue castigando al aportante ingenuo como yo.
La Anses. Cumplida la edad necesaria, vaya a saber porqué, dejé transcurrir casi ocho meses antes de iniciar los trámites respectivos. Mi problema. Lo real es que la Anses funcionó como una pinturita, y en pocos meses me jubiló.
No le digo el monto, no viene al caso. No hace falta que le diga que lo del 82% móvil es una chacota total. Cuando pienso en la plata que deposité durante todos estos años. Porque, como le dije, profesional independiente, empresario exitoso, director en varias compañías, hube de poner mucha plata en el chanchito jubilatorio.
Llega la carta de la Anses, bastante desprolija en su aspecto por cierto, y todo lo que me quedaba hacer era ir a cobrar al banco. y fui.
Parece que muchos de mis aportes de una vida, habían desaparecido en la telaraña de un sistema que castigó y sigue castigando al aportante ingenuo como yo
El banco. Me tocó, esos son temas en los que uno no elige, uno que me queda a 15 cuadras de mi casa. ¿Qué si tengo cuenta en otro banco? No importa. ¿Qué si hay cuatro bancos entre a una y dos cuadras de mi casa? Tampoco es relevante. Le toca, y le toca.
Fui al banco. Un custodia amabilísimo al que consulté por dónde empezar, me dijo "se para ahí y los muchachos le hacen el trámite". Por suerte que estaba el custodio, porque de aquel puesto de informes que solía haber en las sucursales, no queda ni rastro.
Me paré y miré el reloj. Eran las 11 de la mañana. Le voy a hacer una confesión: soy un mal tipo, de esos que le gusta tender trampas, así que me vestí casi como el personaje inolvidable de Guido Gorgatti cuando hacía de jubilado en el sketch de los jubilados en la plaza con Tincho Zabala, Vicente Rubino y el Pato Carret.
Los minutos empezaron a correr, hasta que uno de los "muchachos", me hizo sentar frente a su escritorio. "¿Le dijeron lo que había que traer?" Tuve una ligera desazón y dije: "sí: la carta de la Anses y mi DNI.". "Ah, no, le falta traer dos recibos de servicios públicos a su nombre así le podemos abrir la caja de ahorro.".
Como una liebre, llamé al contador que maneja mis papeles, me subí a la moto, y le aseguro que entre ida y vuelta, estaba con los dos recibos a los 15 minutos frente al oficial que me atendía. Juro que le di los recibos con aire zumbón, como diciendo "¡te gané!". El hombre no ocultó su asombro y puso sobre la mesa un fajo de papeles. Para no faltar a la verdad, le diré que las firmas que puse merodearon entre 10 y 15 ¡para una caja de ahorro! Con gran voluntad me ayudó llenar formulario tras formulario.
La caja y el cajero. Hecho esto, el empleado me acompañó hasta un lugar frente a las cajas, con asientos, donde decía "Privilège". No obstante haber transcurrido ya casi 50 minutos de mi llegada al banco, me sentí tratado a cuerpo de rey. Imagínese.
Los minutos pasaron, y pasaron, y pasaron, y pasaron. Tic-tac, tic-tac. Exactamente a las 3 horas de haber firmado el primer papel, el buen cajero me liquidó el primer haber jubilatorio de mi vida
Había filas de todos los colores, ubicaciones sentadas de todo tipo, nunca un número para ser llamado, nada. ¿Cómo es el sistema? El custodia amable, se paraba de manera tal de mirar tanto a la gente que esperaba de pie -la perrada- o los sentados, nosotros, los de zona "Privilège", ejerciendo su poder de decisión diciendo: "usted, o usted" y así íbamos pasando.
A los 20 minutos, más o menos, me dijo el deseado "usted", acostumbrado a tratar a los jubilados con ternura. Fui detrás de la mampara y me esperaba el cajero de jubilados (sí, hay uno especial). Y comenzó una escena de Woody Allen: "¿Sí?" me dijo el cajero. "Vengo a cobrar la jubilación por primera vez". "Ah, tiene que hacerse atender por uno de los muchachos.". "Ya me atendieron", le contesté. Ahí, hablando siempre a través de un horrible micrófono-ventanilla, me despachó: "Entonces debe esperar a que me traigan la carpeta. ". "¿Será para mucho?" Sus labios no me dejaron lugar a dudas: "Paciencia"
Volví a sentarme en el lugar "Privilège", sintiéndome algo machucado. Los minutos empezaron a correr y me quedé dormido (sic). El guardia amable se acerca y me toca: "¿Cómo se llama usted?". Se lo dije y me tranquilizó: "yo le aviso cuando lo llamen".
"Paciencia". Una hora después averiguo si faltaba mucho. Me dicen: "falta que autorice el Contador". "¿Podría hablar con él?". "Está en la casa matriz", me desalentaron.
En un momento suena mi celular y veo que era un familiar que sabía que me encontraba haciendo el trámite porque estaba en casa cuando había salido en dirección al banco. No atendí pero me puse a escribirle un mensaje. El guardia amable me advirtió que no podía hacerlo. Le dije: "hace 2 horas 40 que salí de mi casa y quiero tranquilizarlos que no me ha pasado nada". Y violando todas las normas de seguridad, concluí y envié mi mensaje testimoniando que estaba bien y solo había que tener paciencia.
Los minutos pasaron, y pasaron, y pasaron, y pasaron. Tic-tac, tic-tac. Exactamente a las 3 horas de haber firmado el primer papel, el buen cajero me liquidó el primer haber jubilatorio de mi vida.
¿Y de ahora en más? No sé. Sé que cada dos pagos que puedo retirar del cajero automático, uno debo hacerlo personalmente para que firmar un "testimonio de vida" en el propio banco. ¿Me llevará 3 horas hacerlo? ¡Qué lindo que es jubilarse!
DIARIO LA NACION
